La lluvia solía ser entretenida y emocionante. Cuando era pequeña recuerdo que me despertaba muy temprano para ir al colegio y cuando escuchaba que estaba lloviendo me emocionaba, porque era día de botas y pozas de agua. También me ponía feliz porque me gustaban los nuevos olores de las cosas; no es lo mismo oler flores en un cálido día de primavera a que olerlas cuando llueve... aunque suene bizarro, prefiero olerlas mojadas.
En realidad, con excepción de los perros, prefiero como huelen todas las cosas estando mojadas.
Hace un rato llegué apresuradamente a una de las cafeterías de mi universidad, para esperar mi próxima clase. Mirando por la ventana a la gente que pasaba, me di cuenta que llevaba rato ya quejándome mentalmente sobre el estado de mis calcetines... están completamente mojados porque desprecié la lluvia y decidí usar zapatillas hoy, muy mala idea, generalmente la naturaleza gana all the time.
Y a causa de mis calcetines, me di cuenta... ahora odio la lluvia. Qué aburrido y adulto de mi parte ¿no?, me he convertido en una persona para la cual la lluvia significa caminar más apresurada, malhumorarme cuando olvido el paraguas, e insultar hasta a los dioses griegos cuando se me mojan los pies, ¡qué hueva!
He decidido entonces que en cuanto pueda me iré a comprar un par de estas botas que usaba cuando era pequeña, y cada vez que vuelva a llover me alegraré, porque puedo usarlas para salir a descubrir nuevos olores de cosas desconocidas.
Me despido, tengo que correr a mi próxima clase.
Hola; no había entrado a tu blog, e estado leyendo por ahí me gustó!!
ResponderSuprimirEn cuanto a la lluvia; yo salí a correr por la mañana quedé empapada, y sí es molesto traer los calcetines mojados. Pero esperemos que monterrey/porque supongo que eres de aquí/ esté de mejor humor climático esta semana.
Un saludo!
Me agrada el aroma a lluvia, me relaja y me pone en un mood filosofico
ResponderSuprimirHace un par de años me pescó la lluvia en Centrales y tenía que ir a Residencias. Recuerdo que metí mi lap en una bolsa de plástico y caminé despacito, despacito hasta mi cuarto.
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