Algunas personas me han preguntado cómo es que no he escrito nada últimamente sobre todo lo que pasó después del tiroteo, y no les podría mentir. He desistido momentáneamente de estar enojada o desilusionada con la situación de México y de Monterrey.
He dejado de escribir mis pensamientos al respecto no porque no quiera expresarlos, sino porque no tengo ninguno al respecto. Me cansé de todo; me cansé de cansarme de este lugar, me cansé de molestarme por cosas cuando ni la gente afectada se molesta y me cansé de quejarme.
Ser sensible, socialmente hablando puede llegar a ser una lata cuando no ves que las cosas vayan a cambiar, o cuando notas que en realidad a nadie más le importa mucho. A veces, simplemente te aburres de que te importe tanto algo.
Desde que mataron a los dos estudiantes afuera de mi universidad, pensé muchas cosas, y lo que más temía era que todo se olvidase en dos semanas. Cosa probable, porque lamentablemente acá algunas personas ya están medio acostumbrados a cosas así, yo no.
Y ¿saben? qué bueno que ya dejé de preocuparme tanto al respecto, porque sino estaría profundamente molesta al ver cómo se diluyó todo en unos escasos días y unas cortas vacaciones. Sacaron los posters y las otras cosas conmemorativas, y ¡vámonos! que siga la conga. Y ojo, no crean que hablo de que tengamos que quedarnos en el pasado, pero un poco de corazón al respecto no le hace mal a nadie.
Supongo que mis declaraciones finales al respecto son que si me matan accidentamente afuera de mi universidad, espero que el rector no salga haciendo declaraciones difusas y cambiantes (por respeto a la inteligencia de mis padres), y que la basura conmemorativa dure más de una semana.
Saludos, mis más estimados lectores :)
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